Llegado septiembre todas las escuelas enfrentan a un reto de acompañamiento a la infancia. Tenemos que acoger a un alumnado después de meses para hacerles de nuevo creer en la escuela, vincularse y tener ganas de volver cada día.

Pinolivo es una escuela infantil, recibimos a alumnado de tres a seis años, niños y niñas sensibles que necesitan sentirse acogidos en un lugar seguro. Es complicado sentirse en casa en un lugar en el que no están tus familiares, a menudo con personas que acaban de entrar en tu vida y con una sensación de desprotección muy grande. En la situación en la que nos encontramos ahora mismo, en plena pandemia, azotada cada persona por el miedo, la incomprensión y con falta de abrazos, es ahora quizá cuando más los necesitamos. 

Cuando el 10 de septiembre los niños y las niñas empezaron a llenar los espacios antes vacíos de nuestra escuela comenzamos a elaborar estrategias para abrazar sin dar abrazos, para besar sin dar besos, para sentir que teníamos los mismos apegos que antes… Aunque todo sea diferente.

Tras la Doctora Queen… sabéis quién es, ¿verdad? Si no lo sabéis, en la siguiente entrada al blog os lo explicamos… han llegado nuestros animales de compañía; nuestras mascotas, que pueden llegar a ser el reflejo de nosotras y nosotros. Antes de explicaros quiénes son, queremos que sepáis que hemos utilizado nuestras mascotas para crear un vínculo con nuestros niños y niñas, para que puedan realizar labores de cuidado, para que puedan entender lo que significa tener algo vulnerable entre tus manos, además, les haremos sentir empatía por las situaciones desfavorecidas y amor por el entorno que nos rodea.

Todo comenzó con la lectura de el libro “¿Qué animal te gustaría ser?” De Violeta Monreal. En el se cuentan experiencias reales de niños y niñas sintiéndose en vínculo con animales. Tras la lectura y discusión de este libro nuestro alumnado pensó en un Animal al que vincularse, un Animal que les gustaría ser.

Más tarde, con esta información tan valiosa, utilizamos el libro “El sueño de Suri” de Ángel Mora. Con la historia que cuenta este libro conseguimos que nuestro alumnado sintiera empatía por los animales maltratados y una fuerte emoción que les empujaba a querer cuidar el entorno. 

“¿No escucháis eso?” la maestra tras la mascarilla esboza una sonrisa que refleja con su mirada. Niños y niñas dejan volar un momento su imaginación y escuchan los gritos de un buen montón de animales y se aventuran a buscar de dónde proceden esos ruidos.

Una de esas niñas descubre, y tras ella todo su grupo, sobre un árbol, una gran cantidad de animalitos de peluche atrapados en una red. Un pellizco en el corazón y acaba saliendo por la garganta y grita: “¡Están ahí! Tenemos que salvarlos”

Cuando la maestra por fin descuelga la red y comienza a liberar animalitos los niños y las niñas observan como cada uno de estos tiene un nombre impreso… Y la niña que lo descubrió piensa si habrá alguno con su nombre. 

“En este animalito pone tu nombre…” le dice la maestra a esta niña, entregándole un peluche con forma de burro. La niña mira el peluche y después dirige sus pupilas directamente a los ojos de la maestra, en ese momento mágico de conexión ya han sucedido mil cosas que no podemos entender ni explicar. 

“Tendremos que cuidarlos, tendremos que curarlos y conseguir que todos estos animalitos se sientan bien aquí, en Pinolivo. Cada una y cada uno de vosotras y vosotros tiene una labor para con su animalito, ya forman parte de nuestro grupo. No podemos abandonar a ninguno.” La maestra, solemne, en mitad del silencio, habla con la voz para que los niños y niñas escuchen con el corazón, y aunque muchas personas no lo vean, los animalitos se abrazan a las manos de la infancia.

Todo lo que viene después, todo lo que aconteció desde se momento, formará parte de la historia de Pinolivo para siempre. Muchas horas cuidando, limpiando, fabricando mascarillas, inventando hogares, dando calor a esos animales, dándose calor así mismo.

Quizá para las personas adultas sea una actividad en la que los niños y niñas se han acercado a la lectura y la escritura, han desarrollado motricidad fina, el apego, el espíritu crítico o los juegos de roles, pero para los ojos infantiles lo que ha ocurrido es que ahora tienen algo más por lo que volver a la escuela, algo que cuidar, algo que les pertenece y que es un pequeño tesoro.